jueves, 1 de diciembre de 2016

¿Y LA CERO TOLERANCIA HACIA LOS CURAS PEDERASTAS?

Por Armando Maya Castro
Mucho se ha hablado de las medidas que Jorge Mario Bergoglio ha implementado para erradicar la pederastia clerical; sin embargo, los casos de abuso sexual perpetrados por curas católicos siguen apareciendo en todas partes, hasta en Argentina, la tierra natal del papa Francisco

Enérgica ha sido la condena de la sociedad argentina ante los inconfesables casos de pederastia perpetrados por curas católicos en el Instituto Antonio Próvolo, ubicado en la ciudad de Luján de Cuyo (Mendoza). Esta institución educativa, subsidiada por el Estado Provincial, y dedicada a proporcionar aprendizaje a los niños con discapacidad auditiva y con trastornos del lenguaje, está en la mira de los medios nacionales e internacionales, cuyas investigaciones a partir de la denuncia han contribuido a que conozcamos más sobre estos lamentables hechos. 

Hasta este momento se sabe que fueron dos los sacerdotes que atacaron sexualmente a por lo menos doce niños sordomudos de la escuela en comento: Nicolás Corradi, de 82 años, y Horacio Corbacho, de 55. Sin embargo siguen abiertas las investigaciones y, con ello, la posibilidad de que aparezcan más victimarios, que pueden ser curas o personal de la escuela no perteneciente al estado religioso. 

Menciono esto último porque, aparte de los curas pederastas, ya están bajo arresto tres personas que realizaban “tareas administrativas y de limpieza en la institución”. Uno de ellos es José Luis Ojeda, un joven discapacitado que laboraba en el colegio. Las identidades de los otros dos no han sido reveladas, sólo se sabe que uno de ellos era monaguillo y tenía en el colegio un cargo administrativo.

Aparte de éstos, las víctimas han señalado a otros involucrados, entre ellos las monjas de la institución, quienes participaban de los abusos viendo cuando los pequeños eran obligados a tener sexo oral, publica La Jornada Online.

El fiscal Fabricio Sidoti, a cargo de la investigación, "cree que pueden ser muchas más las víctimas, cerca de 60, de acuerdo a los testimonios recabados", señala una nota publicada por Clarín. El tamaño del caso hizo que Alejandro Gullé, Procurador de la Corte de Mendoza, adelantara que “podría sumar otro fiscal para que complete el trabajo de Sidoti, puesto que a causa ya tiene un cuerpo de 250 fojas con declaraciones”.  

Sobre el número de víctimas, Guille dijo: “Estamos recibiendo una gran cantidad de denuncias, como cascada, estamos impresionados por la cantidad de gente que conocía este caso”. Y añadió: “La gente se está animando a dar su testimonio, la mayoría de los testimonios que estamos recibiendo son de chicos menores de edad y que datan de algunos años atrás”.

Lo más grave del caso es que la Iglesia católica sabía de los peligrosos antecedentes del italiano Corradi, quien “arribo a Argentina a mediados de la década de 1980, en un traslado ordenado por la Iglesia católica luego de que se lo vinculara a un caso de abusos sexuales en Verona”. Sobre su envío a Mendoza, Izquierda Diario señala que recibió esta ciudad como destino, “luego de sellar un claro pacto de silencio con la iglesia católica”. 

Estará de acuerdo conmigo, estimado lector, que no se trata de un asunto menor, sino de un caso indignante y altamente preocupante. Y lo digo no sólo porque estamos ante un lamentable caso de encubrimiento eclesial, sino porque estos abusos sexuales se producen en Argentina, la tierra del papa Francisco, quien prometió al inicio de su pontificado cero tolerancia hacia los curas pederastas. 

Los abusos registrados en el Instituto Antonio Próvolo nos permitirán ver si la Iglesia católica está a la altura de las exigencias de justicia y de no impunidad, o si Peter Saunders, miembro de la comisión del Vaticano contra la pederastia, tuvo razón al señalar –en febrero del presente año– que el papa Francisco “no ha hecho nada para terminar con los abusos a niños por parte del clero”. 

Twitter: @armayacastro

jueves, 24 de noviembre de 2016

EL ABORTO SIGUE SIENDO GRAVE

Por Armando Maya Castro
En la carta “Misericordia et miseria”, el papa Francisco otorga a los sacerdotes católicos de todo el mundo la facultad de perdonar, sin la autorización de un superior, el pecado del aborto, una práctica que la Iglesia católica ha condenado siempre

El pasado lunes, Rino Fisichella, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, presentó públicamente la carta del papa Francisco "Misericordia et miseria" (Misericordia y miseria), un documento que extiende a todos los curas la capacidad de perdonar indefinidamente, y sin la autorización de un superior, el pecado en el que incurren las mujeres que interrumpen su embarazo. 

“De ahora en adelante concedo a todos los sacerdotes, en razón de su ministerio, la facultad de absolver a quienes hayan procurado el pecado de aborto”, señala Francisco en dicho documento, el cual –afirman los expertos– puede provocar nuevas reacciones del ala conservadora vaticana, quien recientemente acusó al máximo líder de la Iglesia católica de herejía. 

La pregunta que surge al respecto es la siguiente: ¿Deja de ser el aborto un pecado grave dentro de la Iglesia católica? Jorge Mario Bergoglio asegura que el aborto sigue siendo grave “porque pone fin a una vida humana inocente”. Sin embargo, la autorización papal ha comenzado a ocasionar problemas: en Chile, organizaciones que promueven el aborto piden a los legisladores de ese país que "dejen de ser más papistas que el papa y aprueben ya la interrupción del embarazo por tres causales".

Lo que debe quedar claro es lo siguiente: la doctrina católica ha sido siempre contraria al aborto y opuesta a la práctica del mismo. Con base en ello, apoya decididamente a los activistas que realizan esfuerzos para impedir la aprobación de las leyes que buscan despenalizarlo.

Esta postura se basa en el argumento que sostiene que "la vida humana tiene inicio a partir de la fecundación, en el instante mismo en que un espermatozoide logra atravesar –fecundándolo– la membrana protectora del óvulo”. Por esta razón enseña que “la vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de su concepción”. 

En los últimos dos siglos, diversos papas han emitido encíclicas que establecen la gravedad del aborto. Uno de ellos fue el Pío IX, quien en 1869 "se manifiesta en contra del aborto y lo castiga en cualquier momento del embarazo con la excomunión”. Conforme a la Apostolica Sedis del referido papa, “el aborto es un homicidio”, nos recuerda Gustavo Ortiz Millán en su libro La moralidad del aborto (Siglo XXI Editores, 2009), donde señala que el documento de Pío IX “constituye la primera declaración institucional de la Iglesia en contra del aborto".

Vinieron luego otras declaraciones papales en la misma dirección: Acta Apostolicae Sedis, de Pío XII en 1951; Gaudium et Spes, constitución pastoral del Concilio Vaticano II en 1965; Humanae Vitae, de Paulo VI en 1968; Evangelium vitae de Juan Pablo II en 1995. En esta última, el papa Juan Pablo II presenta la posición tradicional de la Iglesia católica en los siguientes términos: "Con la autoridad que Cristo ha conferido a Pedro y a sus sucesores, en comunión con los obispos –que múltiples veces han condenado el aborto y... han concordado unánimemente sobre esta doctrina–, declaro que el aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, constituye siempre un desorden moral grave, en tanto que es la eliminación deliberada de un ser inocente...".

El Vaticano, junto con Chile, El Salvador, Malta, Nicaragua y República Dominicana, son los seis países del mundo que “prohíben la interrupción del embarazo bajo cualquier circunstancia y tipifican penas de cárcel para toda mujer y persona que realice, intente realizar o facilite la realización de un aborto”. 

En la Ciudad de México –que no en todo el país– la interrupción voluntaria del embarazo está despenalizada desde 2007. Ese año, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó la despenalización del aborto inducido a petición de la mujer durante las primeras 12 semanas de embarazo, encontrando tenaz resistencia en algunos sectores religiosos, principalmente católicos. 

En ese tiempo, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) señaló que “una obligación primaria del Estado consiste en velar y defender el derecho natural de todo ser humano a la vida y a la integridad física desde la concepción hasta la muerte”. 

El enfrentamiento fue de tal magnitud que la propia Secretaría de Gobernación inició un “procedimiento administrativo” contra el cardenal Norberto Rivera Carrera, así como en contra el vocero del arzobispado, Hugo Valdemar Romero, quienes fueron acusados de violar la ley en el debate sobre la despenalización del aborto.

Éste último reprobó también la norma oficial 046 de la Secretaría de Salud, que desde el pasado mes de marzo permite el aborto en todo el país, siempre y cuando el embarazo sea resultado de una violación, “sin importar la legislación estatal y sin la necesidad de que un juez lo autorice”. Valdemar Romero dijo entonces: “Un mal terrible es la violación de una persona, pero un mal mayor es asesinar al inocente que lleva en su vientre que nada tiene que ver”. 

Twitter: @armayacastro

martes, 22 de noviembre de 2016

PARTICIPACIÓN DE CLÉRIGOS EN GENOCIDIO RUANDÉS

 Por Armando Maya Castro
El sacerdote Athanase Seromba, uno de los tantos curas implicados en el genocidio de Ruanda, Fue condenado a 15 años por su participación en el genocidio. 

El 6 de abril de 1994, Juvenal Habyarimana y Cyprien Ntaryamira, presidentes de Ruanda y Burundi, respectivamente, perdieron la vida en un sospechoso accidente aéreo. El doble magnicidio originó una terrible oleada de violencia étnica en Ruanda, lo que llevó a Butros-Gali, en ese tiempo Secretario General de la ONU, a inculpar al ejército ruandés de genocidio contra la etnia tutsi.

Para el escritor y periodista José Steinsleger, el genocidio ruandés –que se perpetró ante la inoperancia de la comunidad internacional– es el “más sanguinario de la historia, en proporción a su duración: 800 mil asesinatos en 100 días”. 

Pero vayamos al inicio de la masacre, cuando la persecución obligó a los tutsis a buscar refugio en templos católicos. Esta desafortunada elección facilitó a los gendarmes e integrantes de la “interahamwe” (patrullas de la muerte del gobierno y el ejército),  la localización de los integrantes de la etnia perseguida, muchos de los cuales fueron ejecutados en recintos parroquiales.

Diversos miembros del alto clero fueron enjuiciados por su participación en el genocidio ruandés, entre ellos Agustín Misago, arzobispo de Gikongoro, quien fue arrestado el 14 de abril de 1999, luego de que el presidente Pasteur Bizimungu lo acusara de participar en el genocidio. 

Aparte de la anterior denuncia, African Rights acusó a Misago de haber cometido crímenes de lesa humanidad. Para el fiscal, la culpabilidad de Misago era evidente, por ello pidió contra el clérigo católico la pena de muerte. Los cargos que sobre él pesaban eran graves; se le responsabilizaba de haber negado refugio a los tutsis; de haber enviado a 30 escolares a la muerte;  de haber creado un campo de refugiados en Murambi; de colaborar en la masacre de la iglesia de Kibeho, y de haber comprado 100 machetes. 

Sobre este caso, El País Semanal publicó el 7 noviembre de 1999 el artículo de Isabel Hilton, titulado “Ruanda: el obispo de la muerte”. En dicho trabajo periodístico, la autora enumera los crímenes de Misago, aseverando que éste “se ha ganado cada centímetro del camino que le ha llevado hasta la puerta de los tribunales”. 

Lo extraño del caso es que, un año después de su detención, que tuvo lugar el 15 de junio del 2000, un veredicto del tribunal de Kigali lo absolvió de todas las acusaciones, principalmente por la presión que el Vaticano ejerció a lo largo del proceso, calificando como calumnioso el cargo de genocidio que pesaba sobre el prelado. 

El apoyo del Vaticano a Misago fue tanto que, en mayo del año 2000, estando el prelado todavía encarcelado, el papa Juan Pablo II le envió un telegrama en el que le expresaba, entre otras cosas, lo siguiente: “Deseando que se le restituya la libertad y pueda volver a ser guía amorosa de su comunidad diocesana, invoco al Señor resucitado la presencia consoladora de su Espíritu. Mientras de corazón le envío mi bendición apostólica”. Misago recibió también el apoyo de Fides, la agencia noticiosa del Vaticano, que publicó –antes del fallo del juez– una nota explicando las diez razones por las cuales el jerarca católico debía ser considerado inocente. En anteriores columnas he señalado lo que hoy repito: en el dictamen de absolución del magistrado, que se dio en septiembre del año 2000, la presión de la sede papal fue determinante. 

Las sospechas alcanzaron también a otros clérigos acusados de haber participado en el genocidio de Ruanda. Consolata Mu-kangango (sor Gertrudis) y Julienne Mukabutera (sor María Kizito) fueron acusadas de participar en la ejecución de 7 mil tutsis que buscaban refugio en el convento de Sovu. La participación de las “religiosas” consistió en llamar “a las milicias para que echaran del perímetro del convento a los tutsis. Les dieron gasolina a los milicianos para que quemaran a unos 500 tutsis que se habían refugiado en el estacionamiento del convento” (La Jornada, 9 de junio de 2001).

Por estos hechos, las dos monjas benedictinas fueron condenadas a 15 y 12 años de cárcel, respectivamente. La sanción, impuesta por un tribunal de Bélgica el 8 de junio de 2001, provocó la inmediata reacción de Joaquín Navarro Valls, en ese tiempo portavoz del Vaticano, quien hizo pública la inconformidad de Juan Pablo II en los siguientes términos: "El Santo Padre no puede expresar sino una cierta sorpresa al ver cómo la grave responsabilidad de tantas personas y grupos envueltos en este tremendo genocidio en el corazón de África, recae en sólo unas pocas personas". 

Hoy, a 22 años del genocidio ruandés,  una nota de la agencia noticiosa EFE publica que la iglesia de Ruanda ha pedido disculpas por "el papel que jugaron" algunos de sus clérigos en el genocidio. La súplica de perdón, que se plasmó en una resolución firmada este 21 de noviembre por nueve obispos que representan a todas las iglesias de Ruanda, no reconoce la participación institucional de la Iglesia católica, sino sólo la de algunos clérigos de dicha institución. Lo importante es que las investigaciones siguen, lo que nos permitirá conocer aún más sobre estos lamentables hechos. 

sábado, 29 de octubre de 2016

LUTERO: AYER UN HEREJE; HOY, CASI UN SANTO

Por Armando Maya Castro
El papa y la imagen de Martín Lutero

El papa Francisco ha sido invitado a Suecia por la Federación Luterana Mundial al homenaje en honor de Martín Lutero, autor de las 95 tesis que clavó el 31 de octubre de 1517 en las puertas de la templo del palacio de Wittenberg.

Iniciaba así la reforma protestante, un movimiento que pretendía, esencialmente, "una radical transformación en la Iglesia católica para liberarla de los vicios y corruptelas que padecía en razón de que la mayoría de los clérigos de alta jerarquía abusaban de sus prerrogativas y del enorme poder ideológico y económico acumulado por la Iglesia durante varios siglos", señala Gloria M. Delgado de Cantú.

En 1510, Lutero realizó un viaje a Roma a la que saludó con un "Salve, santa Roma", al contemplarla de lejos. En la cuna del catolicismo, el monje alemán presenció "tantos escándalos que a partir de aquel día formé la resolución de trabajar toda mi vida para arruinar el papado y reformar los abusos que habían sido introducidos en la religión por sacerdotes codiciosos o por pontífices infames", señaló tiempo después el propio Lutero (Mauricio de la Chàtre, Historia de los papas y los reyes, Tomo III, Barcelona, Clie, 1993, p. 256).

Ese afán de transformación, que hoy reconoce el argentino Jorge Mario Bergoglio, impulsó a Lutero a publicar, en 1517, sus famosas 95 tesis. La número 27 hacía referencia al mercantilismo de la Iglesia romana en los siguientes términos: "Mera doctrina humana predican aquellos que aseveran que tan pronto suena la moneda que se echa en la caja, el alma sale volando".

La anterior tesis aludía al convenenciero discurso del monje Juan Tetzel, quien a la hora de vender las cartas de indulgencia en Wittenberg, decía: "¿Quién vacilará en adquirir por un cuarto de florín una de estas cartas que abren el paso a nuestra alma en las celestes beatitudes del paraíso? En el mismo instante en que el dinero cae en el cofre, el alma sale volando del purgatorio" (José Grau, Catolicismo romano: orígenes y desarrollo, Tomo I, Barcelona, Ediciones Evangélicas Europeas, 1987, p. 499).

El discurso de Tetzel y sus compañeros tenía el propósito de vender el mayor número de indulgencias, para cumplir la encomienda del papa León X, a quien le urgía el dinero para concluir la suntuosa Basílica de San Pedro, cuya primera piedra había sido colocada desde el pontificado de Julio II, en 1506. Por decreto papal se concedía indulgencia plenaria a las personas que ofrecieran a la Iglesia los donativos más generosos.

Tras la publicación de las tesis, el arzobispo de Maguncia hizo del conocimiento del papa el proceder de Lutero y lo grave de la situación, ya que eran muchísimos los partidarios del monje alemán. Esto fue lo que dijo el Papa minimizando la situación: "¡Fue un alemán borracho quien las escribió! Cuando le pase la borrachera, pensará de manera distinta. Son cuestiones de teología y vale más no mezclarse en ellas".

Más tarde, Lutero negó, además de la validez de las indulgencias, la autoridad papal, el celibato, los votos monásticos, el culto a las imágenes, el purgatorio y la misa. En 1520, el papa León X lo excomulgó y lo declaró hereje. Lutero reaccionó quemando públicamente la bula de excomunión, produciéndose así la ruptura con Roma.

Hoy, quinientos años después, el papa Francisco afirma que "Lutero estuvo animado por las mejores intenciones y que su reforma fue 'una medicina para la Iglesia'". Con estas palabras, el Papa despoja a Lutero del estigma de hereje, y casi lo eleva a los altares.

Twitter: @armayacastro 


http://www.oem.com.mx/eloccidental/notas/s2781.htm


martes, 25 de octubre de 2016

DEL CONCEPTO DE TOLERANCIA A LA CULTURA DE RESPETO (Primera parte).

Por Armando Maya Castro

Un llamado a transitar de la tolerancia al respeto (Foto UniradioInforma.com)

El pasado viernes 21 de octubre participé como ponente en el Foro de Análisis Académico por la Defensa del Estado Laico, organizado por Baja California Laica, quien fomenta una cultura de respeto al Estado laico, el único régimen jurídico que, aparte de limitar el poder eclesial, garantiza la libertad de conciencia, combate la discriminación, brinda un trato igualitario a las iglesias y garantiza el ejercicio de nuestras libertades fundamentales. 

Comparto mi ponencia en dicho Foro, efectuado en el Teatro Rubén Vizcaíno de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), en la fronteriza ciudad de Tijuana, en donde hicieron acto de presencia, entre otros, el Foro Intereclesiástico Mexicano, República Laica, rectores de universidades, académicos, estudiantes y miembros de logias masónicas. Aquí mi participación:  

En nuestro tiempo, la discriminación en general es un problema que sigue afectando a la sociedad mundial. En 1995, la UNESCO se manifestó alarmada ante “la intensificación actual de los actos de intolerancia, violencia, terrorismo, xenofobia, nacionalismo agresivo, racismo, antisemitismo, exclusión, marginación y discriminación perpetrados contra minorías nacionales, étnicas, religiosas y lingüísticas, refugiados, trabajadores migrantes, inmigrantes y grupos vulnerables de la sociedad...”. De 1995 a la fecha, el problema, por desgracia, se ha agravado.

El caso de México no es la excepción. La discriminación en nuestro país sigue siendo uno de los problemas más graves, y está presente en muchas facetas y escenarios de la vida cotidiana. En materia de discriminación las cosas no estarán bien mientras haya quienes crean que existen personas y grupos más valiosos que otros.

Las personas y grupos que convergemos en este foro estamos plenamente convencidos de que no podemos seguir pidiendo tolerancia para los diferentes, sino respeto, es decir, el pleno reconocimiento a nuestros derechos.

¿Por qué respeto? Porque es el único valor que puede suprimir del todo la discriminación, el flagelo histórico causante de innumerables males, no sólo en México sino en todos los países del mundo. La necesidad de respeto a la diversidad nos lleva a señalar en este Foro la urgente necesidad de transitar de la tolerancia al respeto, entendido este último como la valoración o estimación de la diversidad. 

"Tolerancia" es, en general, atribuida a la raíz del latín “tolerantia-ae”, y hace referencia a la aceptación de alguna situación con cierta resistencia. En el mismo sentido, “tolerare” viene a significar sostener, aguantar o resistir. También significa llevar una carga o sobrellevar una pena o sufrimiento. Se relaciona entonces con la tolerancia en cuanto que lo tolerado es siempre algo malo que se debe soportar.

No obstante, al mencionar la tolerancia en el contexto actual, se intenta representar inmerso el concepto del respeto, teniendo éste su propia valoración etimológica: “respectus” (atención o consideración), que en un sentido más amplio persuade a mirar hacia atrás a fin de lograr apreciar o reconocer a un ser humano, una acción, una cosa o, en su caso, un pensamiento.

Este Foro nos brinda la oportunidad de reflexionar, entre otras cosas, en lo siguiente: el término “tolerancia", el cual lleva décadas plasmado en los tratados internacionales protectores de los Derechos Humanos, no ha logrado producir la cultura de respeto que se necesita en México y en el mundo.

Para comprender el trayecto que debe darse de la tolerancia al respeto, es necesario analizar la evolución histórica de la primera. En el año 311, el emperador Galerio emitió el Edicto de Tolerancia de Nicomedia, reconociendo en su corta duración la existencia legal de los cristianos, pero sin acabar con la persecución. Se proclamó luego el Edicto de Milán del año 313, conocido también como “La Tolerancia del Cristianismo”. A través de éste, Constantino I y Licinio concedieron a los habitantes del imperio licencia de seguir o elegir la religión cristiana.

Para 1598, en el marco de las guerras de religión, fue publicado el Edicto de Nantes, firmado por el rey Enrique IV de Francia. Este edicto se promulgó años después de la "Matanza de San Bartolomé", que acabó con la vida de miles de personas en París y varias ciudades de Francia. En la vigencia de este edicto se concedió tolerancia a los protestantes, es decir la posibilidad de ejercer su propio culto, pero en condiciones restrictivas, obligándolos a respetar las fiestas del catolicismo, que siguió siendo religión del Estado, y limitando el ejercicio del culto protestante a determinadas regiones. Exhibía así la tolerancia su debilidad e ineficacia.

Tras conocer el contenido del edicto, el papa Clemente VIII expresó sin un mínimo de respeto: “Un edicto que permite la libertad de conciencia, (es) la cosa peor del mundo”.

En la lucha contra la discriminación se han incrementado tratados, acuerdos, documentos, manifiestos y demás textos políticos y jurídicos, en los que se señala a la tolerancia como un ideal a alcanzar por las naciones, los organismos nacionales e internacionales, las academias e incluso las organizaciones religiosas. No obstante el esfuerzo que se realiza para fomentarla, siguen presentándose todos los días atropellos a los derechos humanos y vacíos sociales altamente preocupantes. Continuará. 


jueves, 6 de octubre de 2016

LA ELECCIÓN DEL PAPA NEGRO

Por Armando Maya Castro

Tras la renuncia del español Adolfo Nicolás Pachón, los jesuitas elegirán al próximo "Papa Negro"

Con el propósito de "profundizar la vida espiritual en el seno de la Iglesia, propagar la fe católica romana y extirpar por completo la herejía”, Ignacio de Loyola fundó, en 1534, la Compañía de Jesús, la orden católica a la que pertenece el actual papa, el argentino Jorge Mario Bergoglio.

Un total de 215 jesuitas de todo el mundo  se encuentran reunidos en Roma para llevar a cabo la elección de su nuevo superior, luego de aceptar, previa consulta al papa, la dimisión del español Adolfo Nicolás Pachón, elegido en 2008 en sustitución del holandés Peter Hans Kolvenbach, quien ocupó el cargo durante 25 años.

Actualmente, la Compañía de Jesús está más fuerte que hace algunos años; tienen un papa jesuita y su crecimiento en número de miembros (16 mil 740) supera por mucho a las demás órdenes católicas. Una nota reciente de la agencia Notimex, que recoge declaraciones del ex vocero del Vaticano, el jesuita Federico Lombardi, refiere que del número total de jesuitas, “cinco mil de estos se encuentran en Europa, otros cinco mil en el Continente Americano, cinco mil 600 en Asia y mil 600 en África”.

La Compañía, cuya presencia en la educación occidental ha sido muy activa, intentó servir de soporte al papado desde que el papa Pablo III la aprobara, el 15 de agosto de 1540. Los miembros de esta congregación, hábiles e incansables defensores de la autoridad pontificia, quisieron ser desde aquel tiempo el muro protector de la institución papal, defendiéndola de todo tipo de embestidas, principalmente de aquellos que atacaron al papado por algunas desviaciones morales y doctrinales de la Iglesia de Roma.

“Pablo III, que comprendió lo importante que era para su Silla tener una milicia fanática dispuesta a combatir a aquellos que él indicara, cualquiera que fuese su poder o rango, recibió con distinción a Ignacio de Loyola y sus compañeros, les obligó a redactar unos estatutos, a organizarse en sociedad y a propagar sus doctrinas en todos los países”, refiere el historiador Mauricio de la Chàtre en su obra titulada “Historia de los Papas y los Reyes”.

Este historiador explica, con base en sus conocimientos históricos, cuál era la misión de los ignacianos: “...a los unos les confió la misión de introducirse en las cortes, de hacerse confesores de los reyes para enseguida revelarles los secretos de Estado; a los otros les mandó que predicaran al pueblo, que se apoderaran de la enseñanza de los niños, a fin de corromper sus costumbres y hacer de ellos nuevo seides para la teocracia”.

En la contrarreforma, que es la respuesta de la Iglesia romana a la reforma protestante de Martín Lutero, los jesuitas tuvieron una actividad decisiva, especialmente en el Concilio de Trento. Para Pío V –considerado el alma de la contrarreforma–, la entonces recién creada Compañía de Jesús fue su mejor instrumento. Y no podía ser de otra manera, toda vez que los jesuitas “se pusieron a la disposición del papa, prometiéndole obediencia incondicional”, refiere Edmond París, autor del libro “La historia secreta de los jesuitas”.

La incondicionalidad jesuita era tal, que el propio Ignacio de Loyola llegó a escribir: "Estemos convencidos de que todo es bueno y correcto cuando lo ordena el superior". Edmond París rememora la anterior frase ignaciana, y añade que el fundador de la Compañía llegó a declarar en cierta ocasión: “Incluso si Dios les diera un animal sin raciocinio como señor, no vacilarían en obedecerle como amo y guía, porque Dios ordenó que así fuera".

Este tipo de obediencia colocó a los jesuitas en el gusto y preferencia de la mayoría de los papas que ejercieron el pontificado hasta antes de Juan Pablo II, el pontífice romano que se inclinó por movimientos tales como el Opus Dei y los Legionarios de Cristo, relegando en buena medida a los jesuitas. Hoy, con un papa jesuita como máximo jerarca del catolicismo, los jesuitas vuelven a ser lo que antes fueron en cuanto a ser los preferidos del papa, que desde  el 13 de marzo de 2013 es Jorge Mario Bergoglio, quien estará atento al desarrollo del proceso de elección que llevará a cabo la Congregación General de la Societas Iesus, la cual realizará su primera asamblea plenaria para elegir al nuevo superior de los jesuitas o “Papa negro”, como también se le conoce.

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jueves, 1 de septiembre de 2016

SEPTIEMBRE Y EL PATRIOTISMO

Por Armando Maya Castro
Septiembre, mes de la Patria

Este jueves, el mundo le da la bienvenida a septiembre, un mes que para los mexicanos es de júbilo patrio por la conmemoración de varios acontecimientos que ocupan un destacado lugar en la historia de México: el inicio de la independencia (10 de septiembre de 1810); la consumación de la gesta independentista (27 de septiembre de 1821); la defensa del castillo de Chapultepec, custodiado heroicamente por cadetes del Colegio Militar ante los embates de las fuerzas norteamericanas, y donde perdieron la vida los llamados Niños Héroes (13 de septiembre de 1847). 

No se trata de denigrar o hacer menos a los demás meses del año, que también tienen lo suyo, sino que reconozcamos que en septiembre han tenido lugar varios acontecimientos dignos de conmemoración, como el nacimiento de los insurgentes José María Morelos (30 de septiembre de 1765) y Nicolás Bravo (10 de septiembre de 1786), así como el deceso de Doña Josefa Ortiz de Domínguez, acaecido el 8 de septiembre de 1768. 

Lo más importante para México y los mexicanos es lo ocurrido la madrugada del 16 de septiembre de 1810. En esa fecha, el entonces cura de Dolores, Guanajuato, Don Miguel Hidalgo y Costilla, pronunció el llamado grito de independencia, convocando a través del mismo a la lucha contra el yugo opresor de España. 

Hidalgo y los demás líderes insurgentes buscaban liberar a nuestro pueblo de una servidumbre que le había sido impuesta desde que los españoles, mediante el uso de la violencia, llevaron a cabo lo que conocemos como la conquista de México, en la que participaron expedicionarios ambiciosos, sin escrúpulos, sedientos de oro y anhelantes de mujeres y tierras, hombres que fueron altamente crueles y sanguinarios con nuestros antepasados indígenas. La mayoría de ellos, por no decir que todos, intentaron favorecer con sus excesos a su religión, sustituyendo a lo largo del proceso de la conquista a los antiguos ídolos aztecas por las imágenes del catolicismo. 

Retomando el tema de las fiestas patrias, es obligado reconocer que el aniversario de la independencia de México es la más importante de las celebraciones septembrinas; viste a México a lo largo de septiembre con luces, gallardetes y adornos tricolores alusivos a nuestro lábaro patrio. En ese mes, miles de mexicanos compran ese tipo de adornos y los exhiben en sus autos y en las fachadas de sus casas y edificios, donde se aprecia la alegría del mexicano por vivir en una nación libre e independiente.

El problema es que muchos de estos mexicanos creen a pie juntillas que esas expresiones de júbilo patrio es muestra clara e inequívoca de patriotismo y amor a México. En lo personal creo que el patriotismo es mucho más que expresiones verbales que ponderan la grandeza de México. Patriotismo es el valor que nos da el respeto y amor que le debemos a nuestra nación, así como la manera de demostrarlo a través de nuestra diaria contribución al bienestar común. 

Y ya que hablamos del amor que nos merece nuestro México lindo y querido, es importante recordar que ese amor no consiste en hacer gala de patriotismo en los actos de conmemoración de la independencia de México, la cual fue establecida –por cierto– a solicitud de José María Morelos y Pavón en 1813, cuando apenas habían transcurrido tres años de lucha independentista. 

El verdadero patriotismo es el probado amor a la patria, a su gente  y a su vasta cultura. No es la remembranza eventual de los grandes acontecimientos en la historia de México; tampoco la reminiscencia de los héroes que nos legaron una patria libre e independiente. Es el valor que nos impulsa a dar lo mejor de nosotros mismos en favor de nuestro país, más allá de nuestras diferencias ideológicas, políticas y religiosas. 

Lamentablemente, muchas personas confunden una actitud patriotera con un comportamiento patriota. ¿Hay alguna diferencia entre estos dos conceptos? Por supuesto que la hay, y para verla, les invito a que veamos la diferencia clara que nos proporciona el Diccionario  de la Real Academia Española entre patriota y patriotero. Al primero lo define como la “persona que tiene amor a su patria y procura todo su bien”; en tanto que el patriotero es aquel “que alardea excesiva e inoportunamente de patriotismo”.

Estos últimos abundan en México y, sin lugar a dudas, en todos los países del mundo. Se trata de gente que intenta exhibir, de manera ocasional, su amor por México, sin aportar lo justo para el bienestar de la nación, y sin contribuir con sus esfuerzos a la realización de los grandes proyectos y causas del país.  

Un ejemplo de genuino patriotismo lo tenemos en el General Vicente Guerrero, quien recibió del gobierno virreinal, a través de su padre, una oferta de perdón y prerrogativas a cambio de retirarse de la lucha insurgente. La respuesta de Guerrero prueba irrebatiblemente su verdadero patriotismo: "Compañeros, este anciano respetable, es mi padre; viene a ofrecerme empleos y recompensas en nombre de los españoles. Yo he respetado siempre a mi padre, pero mi Patria es primero".

Twitter: @armayacastro